Da la impresión de ser un maniquí de porcelana
esculpido por manos expertas y pulcras
cuerpo inmaculado
manos delgadas y poco tibias, casi frías
poco a poco pierde el calor que la felicidad en la niñez le ha almacenado.
Sus pupilas se dilatan lentamente
al mismo ritmo que la puesta de sol le marca
con largos pasos huye del astro
escondiéndose en su lúgubre morada
ahí las sombras y la melancolía dejan olor a olvido
el crujir de la desgastada madera sigue sus pasos
por orificios que no cubrieron los roídos tablones clavados en las ventanas,
rayos de luz entran y chocan con su piel haciéndola brillar
¡cuan luz neón sobre la pureza del blanco!
parece flourecer en medio de los desechos.
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